Sitios para visitar:
Ayuntamiento de Carnota
Los Hórreos
Se trata de cámaras generalmente rectangulares con paredes de piedras y madera, cubierta de tejas a dos aguas como techo y algunos adornos (cruces y pináculos), que descansan sobre pies o cepas graníticas con el fin de proteger las cosechas de la humedad y los roedores. Los más importantes son los hórreos graníticos de Carnota (1768-1783) y Lira (1779-1814), ambos en el municipio carnotano. Construido por Quintela, el de Carnota se encuadra en el estilo fisterrano, característico de la zona que se extiende desde la Ría de Arousa hasta la desembocadura del Xallas en Ézaro. Se trata del segundo hórreo más grande de Galicia, con 34 metros de largo y 11 pares de pies. Pueden observarse además los abundantes molinos, de los que sobresalen el de viento de Lariño (Carnota) y el de marea del Pozo de Cachón (Muros).
Iglesia Parroquial de Santa Comba de Carnota
Junto al cementerio y el hórreo de la casa rectoral, el complejo constituye un importantísimo monumento que data del siglo XVIII. La iglesia, de estilo barroco, fue edificada en cantería sobre una planta de cruz latina y tres naves longitudinales. Su torre campanario, de elevada altura, fue construida a comienzos del siglo XIX y se le adjudica al maestro Carlos Aboy. Junto a su tradicional palomar y a la casa consistorial, conforman ejemplos típicos de la tradicional construcción gallega.
Iglesia de San Mamede de Carnota
De estilo neoclásico, su construcción se remonta hacia el año 1755. En su fachada se observa la estatua de San Mamede y se destacan especialmente en su construcción una impresionante torre y su amplia nave con planta de cruz latina. A los pies de la entrada a la Iglesia, se encuentra el cementerio donde las tumbas ubicadas sobre el suelo se hallan orientadas hacia el altar.
Los cruceiros
El más interesante de Carnota es, sin lugar a dudas, el situado en El Campo, lugar al que se llega tomando en Nóutigos una desviación tierra adentro. Se trata de un ejemplar de estilo primitivo y antigüedad remota, posiblemente de fines del siglo XVI. Destacan además uno colocado entre los muros de una casa particular en Caldebarcos y otro situado en San Mamede (en el inicio del camino por el norte en dirección Paxareiras) frente a la Capilla de San Gregorio, que data del 1600.
Comarca de Muros
Esta comarca como Carnota es una tierra límite, donde el mar está presente constantemente en sus costas de aproximadamente 51 kilómetros de extensión, mezclando en su paisaje ambientes marinos y monte. La villa de Muros se destaca además por su patrimonio cultural y riqueza monumental, declarándosela conjunto histórico-artístico en el año 1970
Monte y Laguna de Louro
Se trata de un ecosistema que posee dos partes diferenciadas.
La cima del Monte de Louro es el punto más elevado del área y un buen lugar de observación de toda la zona y de la entrada de la Ría de Muros y Noia. De naturaleza granítica, se destacan las “pías y cacholas”, formaciones muy particulares caracterizadas por sus singulares formas. Por su parte La Laguna de Louro ofrece, junto con el complejo dunar asociado, el paisaje natural más interesante. De aproximadamente 200 m de diámetro, aquí se observa una frondosa vegetación y una fauna muy variada: sobre todo, es de destacar que se trata de un enclave natural de gran importancia ornitológica al convertirse todos los inviernos en el punto de refugio de las aves migratorias procedentes de las latitudes más frías. Además y según cuentan las leyendas, en el lecho de la laguna permanecerían los restos del antiguo pueblo de Louro que estaba ubicado a orillas del mar.
Finisterre
Perteneciente a la ruta Jacobea, el espíritu de Finisterre o Fisterra se liga a antiguas creencias de peregrinación de los pueblos celtas hacia las tierras más occidentales de Europa, que situaban el Más Allá en una isla de occidente. Esas ideas se reforzaban naturalmente por el recorrido que a diario realiza el sol de oriente hacia occidente, para finalmente "sumergirse" en las aguas del océano.
Este concepto del renacer del sol y de la vida pasó más tarde a los romanos, para luego ser tomado por la religión católica. Cuando a principios del siglo IX se descubre el sepulcro del Apóstol Santiago, esta idea de peregrinación toma nuevos bríos y Finisterre se convierte, a partir de la edad media, en un gran foco de atracción cristiana.